LOCOS Y NIÑOS, CON VOLUNTAD Y LIBERTAD
“Un buen caballo a un jinete muy joven le puede volver loco, y a uno maduro convertirle en niño”.
La infancia es sin duda la edad de oro para la formación de unos hábitos correctos y duraderos. Es la época ideal para iniciar una equitación auténtica y sin embargo, en nuestro país, es el sector más descuidado: no hay más que ver el poco tiempo dedicado a las actividades deportivas en los planes escolares, y el poco aprovechamiento del mismo. Este error hasta hace pocos años era más flagrante al incluir el deporte, en la vida universitaria, dentro de la terna de las “marías”.
Imprescindible para el aprendizaje en la infancia es tener un buen profesor que, como ya dije, debe contar con un sistema presencial, un método lógico, activo y organizado, y además debe poseer una técnica desarrollada por la experiencia, la demostración, y el conocimiento profundo del caballo. La misma teoría que tenía “Federico Caprilli” el padre de la Equitación Natural, quien como también sabemos, basó su enseñanza en el“dejar hacer” mediante una posición adelantada o de asiento ligero, y enseñando “por medio del salto”, lo cual no se debe confundir con enseñar “para saltar”. Su secreto fue muy sencillo: un estudio profundo del mecanismo de salto del caballo, y una vuelta a la equitación natural, donde el equilibrio privaba sobre la fuerza.
“Vivir estaría bien si naciéramos ya sabiendo, pero se nos va la vida aprendiendo y cuando comenzamos a saber vivir, nos vamos! Menuda broma ¡
Según una regla dictada por la experiencia, puede decirse que en los jinetes, a partir de los 30 años disminuye la velocidad en sus reacciones; cerca de los 50, su capacidad para los saltos, y a los 60 cede parte de su fuerza..., pero no sigo para no caer en el pesimismo.
Con el paso de los años, en la actividad hípica de personas de mediana o avanzada edad, existe una diferencia fundamental en el hecho de que inicien esta práctica por vez primera, o bien que la continúen por haberla practicado con anterioridad. Claro está que cada uno tendrá la forma física apropiada a su edad, siendo una gran verdad eso de que no hay edad para la equitación, y sí que siempre valdrá alguna de sus disciplinas o modalidades para cualquier edad. Esto, y engancharse a Internet, es la clave.
¡Como no se va a poder montar a caballo con una edad respetable¡ Hace unos días, concretamente el domingo 25 de mayo de este 2008, el nepalí Min Bahadur de 77 años, se convirtió en la persona de más edad que ha coronado el Everest. Lo hizo con oxígeno y con un buen equipo de sherpas, pero sobre todo con unas grandes dosis de sufrimiento, preparación y voluntad.
En este momento en el que la sociedad amenaza con asfixiar al espíritu del hombre moderno, nuestro deporte puede ofrecer todavía el bello espectáculo de ver en acción a la fuerza, la habilidad y la inteligencia. Y nada tienen que ver con aquello que empezó en 1920 en Amberes durante la séptima Olimpiada: era el equipo de fútbol de los Samitier, Zamora,… y al saque de una falta, Belauste grita: “Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo”. Ahí nació la “Furia Española” de la que el deporte en general ha intentado vivir durante muchos años, incluso en los días de hoy, en los que el tecnicismo y el rigor físico han superado aquella cualidad psicológica. Y la hípica, mas que ningún otro.
De cualquier deporte, y del nuestro en particular, hay que quedarse sobre todo con su lección de orden, en esta época que se caracteriza entre otras cosas, por la falta de autoridad. Y los acontecimientos diarios nos demuestran su valor moral.
Para evocarlos- por una vez y sin que sirva de precedente dejaré a un lado el caballo- recordaré la tragedia aérea que sufrieron unos deportistas en los Andes, que les hizo vivir en condiciones inhumanas...Todos conocemos el desenlace.
Pues bien, esos dieciséis uruguayos pertenecían a un equipo de rugby, y su supervivencia se la deben al deporte que les había inculcado una gran dosis de organización, de espíritu de equipo, y de sentido del orden.
El equipo de rugby cuenta con 15 hombres: 8 fuertes y activos, 2 ligeros y astutos, 4 grandes y potentes, y un último, modelo y ejemplo de flema y sangre fría.
¡La proporción ideal de los hombres!
...Y sin embargo, “rugby”, ¡cuántas cosas se han dicho en tu nombre¡
A veces, ¡qué remedio!, la política llega a oscurecer el ideal que se busca generando situaciones de crisis. Es el reverso de las medallas. Buena prueba de ello la tenemos en la novena Olimpiada (Berlín 1936). El equipo español debía partir el 24 de julio y no pudo hacerlo debido a la guerra civil. Los jinetes, que ya se encontraban en Berlín, tuvieron que regresar. Cada vez que se llamaba por la megafonía del enorme estadio olímpico- repleto de esvásticas y con el eco de las aclamaciones de “Sieg Heil”- a un jinete español para tomar parte en alguna prueba, con su ausencia, se recordaba a todos los espectadores el drama que comenzaba a vivir nuestro país
A pesar del necesario profesor escolástico, de los exámenes para los diferentes galopes, y las pruebas de técnica y estilo sobre salto de obstáculo, siempre el hechizo de nuestro deporte radicará en el esfuerzo de una “voluntad” y en la exaltación de una “libertad”.
Pasando un muro de un metro se puede realizar el salto mas perfecto y agradará, pero si logramos pasar un vertical de dos metros y medio y batir un record, aún cuando la ejecución sea incorrecta, producirá mucha más emoción. El jinete que intentaba pasar ese gigantesco muro se ha colocado ante una barrera que en la ley ordinaria es considerada como imposible, que supera las posibilidades físicas y psicológicas del jinete y del caballo, pero que tras sacrificios de años de entrenamiento que exaltan esas voluntades a cimas ciertamente elevadas, logran pasar esa barrera infranqueable, y es que...
“La belleza del trance de superación, fundamentalmente anímica, es deportivamente muy superior a la belleza física de la forma”.