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HERRADORES: HISTORIAS Y LEYENDAS I

Quiero dedicar estas “Historias y Leyendas” a los herradores, a los que siempre profesé gran respeto y admiración, y a los que considero, junto al jinete, al veterinario y al mozo de cuadra, como una de las cuatro personas básicas en la vida de todo caballo deportivo importante.
Y es que desde el momento en que se metió un clavo en la tapa, pared o muralla del casco, y un poco más tarde en la Edad Media cuando se perfeccionaron esas técnicas, el herrador fue siempre considerado como hombre honorable y muy buscado. No estaban asimilados a los siervos, sino que eran hombres libres, y su habilidad mereció alta estima al prestar imprescindibles servicios por los que cobraron, hasta mediados del siglo XX, el llamado “salario”, es decir una fanega de trigo al año por caballería mayor.

Aún no tratándose de un herrador sino de un herrero, la búsqueda de la pieza bella fue el permanente afán del escultor del hierro Pablo Remacha (1903-1951), polifacético artista bilbilitano. Hoy empiezo con sus versos.

Perdona si te hiero
con vana obra hermano hierro
Y tú, fragua: une tu calor
al fuego que por la obra siente mi
corazón.
Y tú martillo:
acompaña al corazón en su latido
con jocunda canción de amor.
Y tú yunque:
como siempre, aguanta con tesón
el empuje de mis martillos
en su afán de creación......
! Que tu regazo soporte otra vez la
idea!
! Que surja hoy más espontánea
más bella!

LEYENDA - Hacia el año 1200. La Camargue, Francia
“LEYENDA DE SAN ELOY”


herradores

Cristalera de la Iglesia de Ttreffuntec
(Bretaña-Francia)
Nos cuenta una leyenda que a un sacerdote pagano convertido al cristianismo con el nombre de San Eligio en Europa, y conocido en España por San Eloy , se le asignaron poderes sobrenaturales en la corrección y tratado de las extremidades de los caballos. Vivió entre los años 588 y 660, y hoy es el patrón de los herradores de todo el mundo, recibiendo especial devoción en Francia y, de forma particular, en la Camargue (1). No en vano, Eligio significa el elegido, el preferido.
Su fiesta se celebra el primer día de diciembre, y su imagen, obra de Nanni di Banco (1345), se encuentra en la iglesia de San Miguel en Florencia.

Aunque la leyenda sea del siglo XIII, San Eloy vivió alrededor del año 600, pero lo que desconocemos es si realmente forjaba .Pero sigamos con la leyenda, que en su día quedó plasmada en pintura al fresco que hoy se puede ver en la citada iglesia florentina, y en una cristalera de la iglesia de Treffuntec en la Bretaña (2) francesa.

Eloy, orgulloso de su habilidad, escribió sobre el rótulo de su fragua “Maestro de Maestros”.

Dios Padre envió a su Hijo para castigar su arrogancia. Jesús tomó la apariencia de un herrador y, al presentarse ante Eloy, este le encargó herrar un caballo muy valioso. Conocedor como nadie de todos los sistemas, Jesús dejó a un lado el sistema inglés o en frío, y optó por el herraje en caliente o a la francesa; pues aún estando solo, a Él le sobraba hasta el sostenedor de pie.

Después de sangrar la fragua con el espetón y prepararla con el cayado, el Hijo de Dios cortó de un tajo la mano del caballo a la altura del tercer metacarpiano; con cuchilla y martillo quitó los remaches, y con la tenaza de extracción levantó la herradura vieja .Ya con la fragua encendida, y después de manejar el hisopo, calentó al rojo cereza la herradura nueva, la aplicó sobre el casco, tomándola por las lumbres con las tenazas de segundo callo, y por las cuartas partes con las ramas de otra tenaza. Apoyando estas sobre las claveras, sopló para desviar la columna de humo que se desprendía y miró por la derecha, por la izquierda y por detrás para ver si quedaba estrecha, ancha, larga o corta. Luego talló el casco al grado y aplomo debidos, rebajando con la cuchilla y botador, o con la legra, y cortando con la tenaza de corte.

Más tarde, en la bigornia repasó y corrigió los defectos; para dar salida al casco redondeó la pinza - aunque entonces no se llamara rolling - y para mayor comodidad dio un progresivo descanso hasta los talones. Y con una buena justura (mayor o menor concavidad de la herradura), evitó presiones en la palma.
Con el punzón piramidal o estampa, abrió las claveras. Puso de nuevo la herradura al fuego, y con la ayuda del pujavante o gubia y escofina, la asentó. Para sujetarla, puso primero los clavos de las lumbres, después los de los talones, y los restantes a su aire. Por último, con la tenaza de boca de caimán, la remachó y, más tarde, ajustó las pestañas a las mortajas, terminando con el remachado final de los clavos que incrustó bien para no colocar la herradura “en solfa”. Finalmente repasó el casco con la escofina, dando a todo el aspecto de un trabajo bien hecho. Más tarde, con su poder divino, puso el miembro en su lugar.

Cuando Eloy, asombrado, quiso hacer lo mismo, la sangre saltó a borbotones, haciendo temer por la vida del caballo. Jesús entonces lo curó y Eloy, al reconocerle, imploró que perdonara su atrevimiento. A partir de ese día quitó el letrero de su fragua y procuró, dentro de su sencillez, seguir tan profesional como siempre.
El rótulo pasó de:

“Maestro de Maestros” a “Maestro Herrador”.

HISTORIA - En el invierno de 1800, Pésaro, Italia
“APRENDIZ DE COCINERO”

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“APOLO EN LA FRAGUA DE VULCANO”
Año 1630 - Velázquez.
Óleo sobre lienzo 223 x 290 cm.
Museo del Prado Madrid.
Gioacchino Antonio Rossini (1792-1868), el ¨Cisne de Pésaro” como le llamaban sus amigos, fue el creador de la opera “bufa” italiana (opera cómica). Otras referencias, que no corresponden al hilo de la presente historia, suelen llevarnos a los muy internacionales canelones que llevan su nombre, pero no estamos aquí para lo sabido, sino para buscar lo insólito y desconocido aunque sea en el territorio gastronómico.

El autor de “El barbero de Sevilla” (1816) trabajó unos años como aprendiz de herrador a orillas del Adriático, en su Pésaro (3) natal, la capital del Urbino. Y como buen aprendiz, su primer menester diario consistía en aprovechar los rescoldos de la fragua para preparar el almuerzo de su maestro, y adquirió tal maestría que, ya consagrado como músico genial, no perdía la oportunidad de lucirse ante sus amigos preparando, en su punto, grandes chuletones de buey.

Contaba que los asados fueron la gran pasión de Rossini, hasta que al cumplir los cuarenta se sintió tan cansado de ellos, que dejó de “componer” la carne asada a la parrilla. Los herraderos, decía, tenían un clima parlamentario; eran lugar cálido desde el que se hilaban conversaciones pausadas sobre asuntos del cielo, de la tierra, del pueblo, de la capital, y del mundo entero si se terciaba.

Más tarde, al desaparecer el ganado del campo, se fueron convirtiendo en talleres de tractores, en cuyos mecanismos los herradores tuvieron que ser autodidactas. Pero lo cierto es que muchos terminaron pronto por ser consumados maestros sobre todo, por una razón: habían hecho cuestión de honor, como siempre hicieron, para que lo que allí entraba accidentado, saliera felizmente andando.

En la actualidad, y concretamente en un pueblo del Bajo Aragón , hace días pude ver una de las últimas fraguas que quedan en la región que, como ya no hay caballos en el término, se dedican al diseño industrial de muebles y objetos de decoración en hierro. Apoyadas en la pared tenían las barras de hierro que a base de forja, acababan con su textura industrial; las barras eran deformadas a golpes y estiradas hasta darles un aspecto, por así decirlo, orgánico.

En el suelo del taller, con tiza, dibujaban el patrón al que habían de ajustarse las piezas. La tiza era luego borrada, de modo que cada obra venía a ser algo singular. El metal se desbastaba después con máquina y, por último, se limaba a mano. Antes el hierro era necesario pavonarlo; a veces lo dejaban oxidar un tiempo a la intemperie, y le acababan dando un barniz para que fuera fácil de limpiar.

Soplaba con fuerza el viento procedente del Moncayo, hacía frío, y pasamos al interior de la casa. Olía a “mondongo”, y es que, aprovechando las heladas, hace unos días hicieron “matacía”. El hogar del salón estaba encendido y trajeron café, pero sin poder remediarlo, la realidad era que mis pensamientos y recuerdos se me iban con vosotros, queridos y admirados herradores….. ¡Qué le vamos a hacer!

Así eran esos hombres, y yo no sé si puede haber profesión tan hermosa, y llevar tanta retranca dentro. No creo que la haya. “¡Y es que el colmo de todo herrador, siempre fue tener que agarrarse a un clavo ardiendo!”

(1).-Camargue.-Región del departamento de Bocas del Ródano, al sureste de Francia, formada en gran parte por las tierras pantanosas que abarcan el delta del río Ródano.

(2).-Bretaña.- Región del noroeste de Francia; antigua provincia y ducado, que comprende los departamentos actuales de Finistère, Côtes-du-Nord, Morbihan e Ille-et-Vilaine. Esta bañada por el océano Atlántico al oeste y al sur, y por el Canal de la Mancha al norte.

(3).-Pésaro.-La capital de la provincia de Pésaro y Urbino, a orillas del Adriático, con un puerto para barcos de pequeño calado.