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LOS CABALLOS DEL CAMINO

Los caballosTodos los caminos, tanto como a Roma, conducen y han conducido siempre a Compostela, “Campus Stellae”, desde antes incluso de que naciera Yago Zebedeo, y es que de la famosa “Vía Láctea” hablaban ya los egipcios.

Como todo lo nuestro no debe ser un “vagar” sin destino, el hombre, al cobrar conciencia de su ”ser” y “estar” en el mundo, advierte que esa conciencia le dice que estamos de camino, y así andando y cabalgando nace la idea histórica de Europa, a lo largo de dos vías: una anhelada, cumplida solo ocasionalmente, y a costa de guerras y sangre, que es la vía a Jerusalén, el Camino de las Cruzadas; y otra, arteria pacífica, interrumpida durante más de un milenio, que es el Camino de Santiago, surco donde se siembra la realidad europea de Occidente, la calle Mayor de Europa.

Santiago y Cierra España!, como se sabe el grito histórico no se refiere a la acción de abrir y cerrar, sino que cerrar vale ahí como embestir y atacar. Santiago y acomete España, embiste España.

Ahora España está abierta, por eso durante estos años y sobre todo los jacobeos, es decir, cuando la festividad de Santiago Apóstol coincide en domingo, millones de ciudadanos de todo el mundo se animan a recorrer los kilómetros que les separan de Santiago para ganar el Jubileo y obtener la Compostela.
Hoy, para obtener la compostela son requisitos necesarios para que se extienda esta certificación: recorrer a pie en bicicleta o a caballo la última parte del camino y acreditarlo a la llegada (al menos 100 kilómetros a pie o a caballo y 200 kilómetros en bicicleta). “Jinetes del caballo de acero” llaman a los ciclistas algunos retóricos de la crónica deportiva.
Alfonso XI que hizo la peregrinación desde Burgos a caballo, echó pie a tierra en el Monte do Gozo, y a pie se dirigió a Santiago. Esto lo hacían, en aquella época, todos los peregrinos que hacían el Camino a caballo, incluso a pie desnudo, como ocurrió con Santa Isabel de Portugal en 1324...
De entrada yo descarto la bicicleta, prefiero recorrer a pie, aunque con paso tardo de jinete, los caminos del Camino, eso sí, encaramándome a los caballos que por ellos encuentre, y procuraré como aquél:

A ellos hablarles siempre en alemán; con los hombres que me cruce, bueno será emplear el francés; con las mujeres que vea, lo mejor el italiano; y me reservaré el español para hablar con Él en Compostela.

“EL CAMINO FRANCES”

Los diversos itinerarios que desde todos los puntos de Europa se dirigían a Compostela se canalizaban en media docena de rutas en territorio francés que, a su vez, se reagrupaban en dos puntos al pie de la vertiente gala del Pirineo: Ostabat y Oloron.

Los peregrinos procedentes de Ostabat cruzaban la cordillera por el puerto de Ibañeta y Roncesvalles (Camino Navarro) mientras que los de Oloron lo hacían por el de Somport (Camino Aragonés). Ambos ramales se unen en Puente la Reina (Navarra) y, a partir de aquí, el Camino ya es único y que con toda propiedad, se conoce como Camino Francés. Es el “Camino a Santiago” por antonomasia, promocionado ya en el siglo XI en el Codex Calíxtinus, que atraviesa la península de nordeste a noroeste a lo largo de 787 kilómetros.

Desde Roncesvalles y Somport, donde se enlaza con los cuatro caminos franceses, atravesaremos las comunidades de: Navarra, Aragón, La Rioja, Castilla y León y Galicia.

La “Ruta Aragonesa” o “Vía Tolosana”, que arranca en el puerto de Somport: “Summus Portus” a 1632 metros y que sigue a través de la canal de Berdún, protegida en el Coll de Ladrones por la torre de fusileros, adquirió gran importancia en el siglo XI, desde la conversión de Jaca (alrededor del año 1072) por Sancho Ramírez en la capital de Aragón. Desde entonces esta ciudad al pie de la Peña Oroel en el valle del río Aragón, es la sede de la primera catedral de factura románica de España (2ª mitad del siglo XI).
En este tramo de unos 170 kilómetros, no encuentro razas autóctonas caballares aunque todavía en la zona recuerdan a los desaparecidos: “apercheronado de Aragón” mal llamado “raza aragonesa” o “caballo aragonés”.

En esta ruta aragonesa, nada mas pasar Urdues de Lerda, muy cerca del pantano de Yesa, abandono el Camino y me dirijo hacia el sur, dejo atrás a Sos del Rey Católico, entro en las Cinco Villas, atravieso el Ebro por Tudela, y siempre con mi dirección sur, al rebasar Tarazona me encuentro con la Sierra del Moncayo a 2316 metros de altitud. Mi esfuerzo por encontrar algún ejemplar de la “jaca del Moncayo” no se ve recompensado y algo desilusionado, vuelvo a mi Camino.

Estos caballos de Aragón, los encontrados y los desaparecidos, eran descendientes de los sementales del Quinto Depósito de Zaragoza, y con anterioridad de sus secciones ya disueltas de Calahorra (1921-1925) y Tudela (1922-1991).

En la misma presa de Yesa, el Camino abandona Aragón para entrar en Navarra, el monasterio de Leire próximo a Javier, es la parada más cercana, poco más adelante, este tramo aragonés acaba en Puente la Reina donde se une al Camino Francés.

El otro acceso del “Camino Francés” proviene Saint-Jean-Pied-de-Port y entra por Roncesvalles en la Comunidad Foral de Navarra, hasta enlazar con el tramo aragonés en Puente la Reina sobre el río Arga, lugar este de encrucijadas, donde el camino se hace uno. Fue el rey Sancho Garcés III el Mayor el que estableció esta ruta definitiva, procedente de Ostabat, en la Navarra ultra pirenaica.

Nada más pasar Roncesvalles y dejar la “Cruz de Peregrinos”, en las riberas del río Iratí, entre Burguete y Garralda, disfruto del “burguete”, caballo procedente de los antiguos pobladores de estas zonas, resultado del cruce de la “jaca navarra”, y el caballo “bretón”. Se caracterizan por su eumetría y su perfil subconvexo, sus posteriores cruces con el bretón han hecho de él, un caballo subhipermétrico y concavilíneo, caracterizado por su energía, vivacidad y resistencia.

Como lo he contado, yo los vi cerca de Auritz-Burguete la villa del Pirineo Navarro, antiguamente conocida como Burgo de Roncesvalles, situada a 1,5 Km. de Roncesvalles y a 10 de la monumental Selva del Iratí, en el mayor hayedo del sur de Europa, pero otros peregrinos me dicen que también los vieron por Arce y Roncal.

Rebasada Pamplona, la vieja Iruña, al norte de Estella y Los Arcos, en las sierras de Andía y Urbasa, al sur del puerto de Lizarraga, en el valle del río Ega, encuentro al pequeño “pony navarro” y nos hablan del “gran pony”, criado mucho más al norte de esta Comunidad Foral, al abrigo de los valles de Larraum, Baztán y Roncal.

Estos caballos vasco-navarros, también llamados: “caballo navarro”, “pony navarro”, “jaca navarra” o “jaca pamplonesa”,son colectividad que tienen el origen más misterioso y confuso de todas las razas y que ha sufrido poco de influencias sanguíneas extrañas. Esta “jaca navarra” sin sangre árabe, la influencia árabe no llegó a la parte montañosa de Navarra, más concretamente hasta Andía y Urbasa, sierras que constituyen en estos días el último reducto de este caballo. Debido a la crudeza del clima, el “pony navarro”, vive en un ambiente de selección puramente natural y se cría en estado semi- salvaje. Son el –OO de Barón, es decir: elipométricos, de perfil recto y mediolíneos.

Desde 1980 más de 100 ejemplares protege la Diputación Foral en la reserva de Sabaiza, y solo dos expone en el zoo de Pamplona con el objetivo de testimoniar a los visitantes, la raza autóctona de la Comunidad.

A continuación, el Camino me dirige hacia la próxima villa de Puente la Reina, otro hito histórico de la ruta jacobea y que debe su nombre al magnífico puente construido en el siglo XII por doña Mayor de Navarra, esposa del rey Sancho el Mayor con el objeto de facilitar a los peregrinos el paso del río Arga, el más bonito y sin duda el más famoso de todos los puentes que jalonan el Camino. “El Puente de los Peregrinos”, que así se llama, es de perfil ligeramente alomado, consta de seis bóvedas de medio punto y aliviaderos, también de arco de medio punto, en la parte superior de los pilares. Los tajamares no son muy acusados.
Aún se conserva en Puente la Reina la tradición de tocar cuarenta campanadas al anochecer, para avisar al peregrino que viajaba de noche que se iban a cerrar las puertas de la ciudad.
Paso Puente la Reina y siguiendo el trazado de una antigua calzada romana, llego a la aldehuela de Urbe y atravieso un puentecillo de dos arcos sobre el pequeño caudal del río Salado: “¡Cuidado con beber en él, ni tú ni tu caballo, pues es un río mortífero!”, afirmaba Aymeric Picaud en el Codex. No es que me lo crea, pero, por si acaso, sigo su consejo a rajatabla.

Con la “jaca” y el “burguete” alcanzo Viana, donde el Camino abandona Navarra para entrar en La Rioja.

Desde que el Camino entra en Logroño por su puente de piedra procedente de Navarra, recorre por La Rioja no más de 60 kilómetros, senda que exige rutas alternativas, entre otras cosas, para conocer el Castillo de Clavijo donde dice la leyenda que el Apóstol alcanzó su sobrenombre de “matamoros”, apodo que comparte con San Millán de la Cogolla, cuyo municipio alberga los monasterios donde se escribieron las primeras palabras en romance hispánico.
Al sur de Logroño me encuentro con las ruinas de la fortaleza de Clavijo que me recuerdan la legendaria batalla aquí entablada (año 844) y que ocupa un lugar destacado en el mito de Santiago Matamoros, sintetizado en el lema “Santiago y cierra España”.

Durante el dominio de Abd al-Rahman II, los cristianos de esta región debían entregar cada año a los musulmanes el “tributo de las cien doncellas”. Ramiro I se rebeló contra esa norma pero la suerte en el combate les fue adversa a las tropas cristianas, que debieron retirarse hacia un promontorio rocoso; allí esperaban un nuevo y definitivo ataque musulmán que seguramente sellaría su derrota, cuando el apóstol Santiago se apareció al rey leonés para anunciarle su ayuda y conducir a los cristianos a la victoria montado sobre un caballo blanco, siendo ésta es la imagen más difundida del Santo, consolidada desde el siglo XII.
A partir de esta batalla de Clavijo, en toda la Reconquista las batallas contra los árabes empezaban al grito de ¡Santiago y cierra España! o ¡Santiago y a ellos! como símbolo de unión entre cristianos. Cerrar España quería decir cerrar filas en torno a un jefe siendo una piña, como un solo hombre. ¡ Lealtad y obediencia!
Y es que Jacob era violento, agresivo, creía en la lucha; era un fanático y en seguida se emocionaba con las cosas, se integraba de manera activa en los movimientos sociales y políticos; de hecho era un celote igual que Barrabas.

De Jacob se pasó a Jacobo y a Yago y de Sant Yago a Santiago y a San Thiego y a Diego. De Yago a Jacques y a Jaime. Pronto pasó a ser el nombre que las madres ponían a sus retoños el día del Bautismo, pues era sinónimo de fuerza, de entrega y lealtad.
De vuelta al Camino y a lo largo de la ribera del Ebro, solo veo algunos ejemplares llamados “caballos de la ribera”, procedentes del percherón por absorción. Estos “hispanobretones”, son descendientes de los sementales percherones”y “bretones” de gran categoría importados en los primeros años del siglo XX, y que repartidos entre el Quinto Depósito de Sementales de Zaragoza y su sección de Tudela, mejoraron las yeguas de la zona. Las capas son generalmente roana, alazana y baya, muy raras las negras, la torda, la llamada “apercheronada” es también muy rara, y solamente se da en las yeguas.
En Santo Domingo de la Calzada, me entra la morriña de mi tierra adoptiva al visitar la Catedral del Salvador y comprobar, que su magnífico retablo es obra del escultor zaragozano Damián Forment, autor también del retablo de la Basílica de El Pilar de Zaragoza. En la Catedral, recuerdo uno de los milagros mas famosos atribuidos a santo Domingo de la Calzada y que tuvo como protagonistas a un matrimonio alemán y su hijo, que peregrinaban a Compostela y al llegar a la villa riojana se alojaron en un mesón. La hija de los mesoneros se sintió atraída por el muchacho y , ante su indiferencia, se vengó introduciendo una copa de plata en su equipaje para denunciarlo luego como autor del robo. El joven fue juzgado, hallado culpable, e inmediatamente ahorcado. Sus padres continuaron su peregrinación hasta Santiago y de regreso, al pasar de nuevo por la villa, encontraron que el cuerpo de su hijo aún colgaba de la horca; en ese momento, el joven habló y les contó como santo Domingo le había sostenido durante todos esos días, salvándole la vida. Los padres acudieron ante el corregidor para contarle los hechos, argumentando que el milagro probaba la inocencia de su hijo; aquél, incrédulo, les contestó que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que él se disponía a comer; en ese instante, ambas aves saltaron del plato y, cubiertas de plumas, comenzaron a cantar. El joven fue liberado y regresó con sus padres a Alemania.
En la catedral de Santo Domingo de la Calzada puede verse hoy, frente al sepulcro del santo, el gallinero construido en el siglo XV para recordar el milagro, en el que siempre hay un gallo y una gallina vivos, de plumas blancas, procedentes del vecino pueblo de Gallinero de Rioja.
Después de tanto andar y recordar, decido darme un homenaje y pasar la noche en el magnífico parador nacional de Santo Domingo de la Calzada, que dicen fue construido por el santo para albergue de peregrinos, y en donde cierta noche, pernoctó san Francisco de Asís en su caminata a Compostela, si, el que hablaba con las aves.

Por todo lo que La Rioja ofrece, el peregrino que como yo llega presto, sale lento por Grañón en dirección a Burgos que nos da la bienvenida en Redecilla del Camino, y acoge a los peregrinos durante un total de 109 kilómetros, en los que su punto central es su capital que posee uno de los monumentos más emblemáticos del mundo, su catedral.

Cuentan que desde tiempos remotos existe en esta tierra burgalesa, concretamente en el valle del río Losa afluente del Ebro, una población caballar del tipo“jaca de montaña, llamada raza “losina”, en su busca voy aunque tenga que alejarme del Camino.

Como decía, dejo el Camino en Belorado y dirijo mis pasos hacia el norte, atravieso Briviescas, cruzo el Ebro por Traspaderne y pronto, siempre dirección norte, entro en el valle de Losa y es aquí donde efectivamente encuentro al “losino” pues pastan en este valle y sus zonas limítrofes de Cantabria, Álava y Vizcaya. Son caballos elipométricos y longilíneos a la que se ha considerado como subespecie, denominándola “equus caballus Losinus”.

Es conocido igualmente como el caballo de las Merindades y es que también se dejan ver por las cercanías de Villarcayo, sobre todo en la sierra de Pancorbo de los Montes Obarenes.
Hoy día esta al borde de la extinción, y los que permanecen están fuera de las características raciales iniciales, debido a que con la intención de aumentar su tamaño los cruzaron con varias y diferentes razas, la idea fue buena pero los medios poco apropiados.

Añorando el “losino”, regreso a Belorado la Belfuratos del Codes Calixtinus, que fue una plaza importante en la Castilla medieval por su situación fronteriza con el reino de Navarra, y ya en el Camino, atravieso un sin fin de iglesias y monumentos.

Por Castrogeriz, dejo Burgos con dirección a Palencia, entro en tierras de trigales y viñedos, sin el consuelo de los árboles ni las sombras, con la breve frescura del canal del Pisuerga y la redondez de Boadilla del Camino, que marca la ruta a Frómista, donde Castilla se hace más Castilla y donde San Martín me abre un joyero románico por el que llevan pasando leyendas desde hace más de cinco siglos.

Tal vez por mi gusto a la soledad, tal vez por ese reducto de patria moral que guardo en mis adentros por Castilla, me siento con una gran felicidad en estas tierras, he vuelto a mis andadas y un impulso natural me ha llevado por entre los amplios trigales de la Castilla más ancha, esa que tanto amo. Ya llegaré a Santiago, que siempre espera. No hay prisa.
Palencia, quizás por influencia de la denominación popular de su catedral, la “Bella Desconocida”, ha venido a descubrirme que es la provincia del románico por antonomasia. El Camino entra en Tierra de Campos por la localidad de Itero de la Vega y después de 66 kilómetros en donde no me dio tiempo a ver caballos, paso por Carrión de los Condes, patria del Marqués de Santillana, y salgo por San Nicolás del Real Camino con destino a León.

Aquí el Camino comienza en Sahagún y se caracteriza por la diversidad de paisajes, desde la Tierra de Campos hasta la montaña leonesa y berciana. Coronado el Alto del Portillo, contemplo León, y al ver el parador de San Marcos, los recuerdos se me amontonan, como a todos los que conocimos allí ubicado el Octavo Depósito de Sementales.

El barroco edificio construido por encargo de los Reyes Católicos, primero hospital y luego convento, donde pasó sus días de prisión Francisco de Quevedo, acabó siendo sede del octavo Depósito de Sementales acogiendo el que estaba instalado en Valladolid el lunes 30 de julio de 1900. El cinco de julio de 1963 se acuerda por Consejo de Ministros la baja del cuartel de San Marcos del Ramo de Guerra y su cesión al Ministerio de Información y Turismo, después de albergar a los sementales durante 63 años; el día 5 de junio de 1965 se inauguró como hostal.

Con esos pensamientos sigo el Camino, paso el monte Teleno, y al cruzar Astorga, la Astúrica Augusta romana, como es mediodía, oigo las campanadas del reloj de su plaza mayor golpeadas por los maragatos: Colasa y Perico. Como en “La Peseta”, compro unas mantecadas y sigo mi camino.

También recuerdo… ya legaré a Santiago que siempre espera… el día que aquí gané el gran premio del concurso hípico nacional que los maragatos celebraban en el campo de fútbol. “Dichoso” se llamaba el caballo, un tres sangres alazán… ¡Que deprisa pasa el tiempo!

“La Cruz de Ferro” será el siguiente hito antes de alcanzar Ponferrada, lo corona un palo de roble de cinco metros de altura sustentado en su base por las piedras, que como manda la tradición, van dejando los peregrinos para alejar los peligros del Camino. La cruz, nos la dejaron los romanos en homenaje a Mercurio.

El auge del Camino hizo que el Obispo de Astorga, Osmundo, construyera un puente reforzado por barandas de hierro (pons ferrata). Fernando II puso el lugar bajo la protección de los templarios (1178) que se quedaron hasta la disolución de la Orden en 1312. Sobre el Sil se yergue el castillo, que preside el casco monumental de la ciudad, bajo sus almenas me puede el cansancio y luchando contra los moros, convertido en caballero cristiano sobre mi “cantabria” y luciendo brillante armadura, me entrego al sueño y a la fantasía.
La honestidad de los Caballeros era tan grande que reyes y nobles confiaban a los Templarios sus valores, viajando solo con un documento por ellos expedido. Este documento podía ser cambiado en cualquier castillo de la Orden del Temple por una suma equivalente y dio origen a las letras de cambio que hoy conocemos.

Aunque su ubicación natural está entre la cordillera Cantábrica y los ríos Cea y Órbigo, yo me lo encuentro a la altura de Sahagún, pasado el río Cea y más tarde rebasado León, en Hospital de Órbigo. Me refiero al más humilde de los primos del caballo, ese animal bueno y familiar que dio calor a la cuna de Cristo y le sirvió de montura para entrar en Jerusalén. El asno.
En este caso se trata del “zamorano-leones”, caracterizado por su perfil cóncavo a semejanza del catalán, y no convexo como el andaluz, con su perfecta conformación y abundante pelo, verdadera joya de la cabaña nacional, hoy en vías de extinción a pesar de los esfuerzos realizados por el Octavo Depósito de Sementales de León en mantenerlo.
Un poco más adelante, no me encuentro, sino que me acompaña otro asno durante un buen trecho del Camino , este es un garañón de la Cerdanya catalana, y muy pronto aprecio sus grandes velas, su gran alzada, así como sus ojos y hocico blanco.
Cada vez más, se ven por los caminos a peregrinos acompañados de burros, estos con un serón donde lleva las mochilas de sus dueños, uno va delante ramaleando con ronzal y el otro detrás por si es menester arrearlo.
La logística del burro es fácil de resolver, al llegar al refugio, se le ata a un árbol con largo ronzal, un cubo de agua cerca y hasta el día siguiente.

Al que no me encuentro es al “burdégano”- cruce de caballo y asna- y sí algún que otro “mulo”- resultado del cruce de una yegua y un asno; las dos únicas formas de producir el mulo debido a la condición híbrida de esta especie.
A los “burdéganos” se les conoce por tener cuatro espejuelos, como su padre el caballo. Los mulos o mulas hijos de burro y yegua tienen solamente dos , en las extremidades anteriores, como su progenitor, el burro.

A la salida de Cacabelos, tras cruzar el puente de piedra sobre el río Cúa, me encuentro con el santuario de la Virgen de las Angustias, de fachada barroca y donde se conserva una imagen del Niño Jesús jugando a las cartas con San Antonio de Padua (dicen que San Antonio le hacía trampas ), y aquí decido pasar la noche.
Abandono León por Piedrafita do Cebreiro y al otro lado del puerto, nuestra morriña se ve recompensada al pisar tierra gallega, desde la cumbre del Cebreiro (1100 metros), el camino se me hace más corto y llevadero, sobre todo al ver el mojón de piedra que indica la distancia que falta para alcanzar Compostela: 152,5 kilómetros. Con los sabores del buen vino de la tierra y los sonidos lejanos de las gaitas, el tranco se nos alarga.
O Cebreiro, nombre que viene de remotos poblados romanos del lugar, que parecían indicar el mes “fevereiro”- febrero en gallego- y que hasta hace poco era el paso más difícil de la Ruta Jacobea.
Aquí empezó a llover, llovía cada vez más fuerte, como dice Cela.- con una paciencia infinita.- y yo , sentí por primera vez en todo el Camino, el agua venir del cielo. Recordé los campos desiertos y me sentía feliz pensando que hoy estaban mojados. Me acordé de las piedras de León, de las huertas de Navarra, de los trigales de Castilla y de los viñedos de La Rioja que hoy estarán bebiendo el agua que baja en torrentes.

Pasada la acogedora tierra del Bierzo, me adentro en el majestuoso silencio de las lucenses cumbres del Cebreiro y del Caurel, en las que parece haberse congelado el tiempo, y ahora solo el viento me acompaña…

… Un poco más adelante me encuentro a los tres tipos del caballo gallego de monte” a los que trataré de describir en gallego:

Ponis de “A Groba”, conservados nun maior estado de pureza.
Ponis da rexión central de Galicia, animais de mais porte e mellor feitura.
Ponis da zona norte de Lugo, animais máis mansos e de maior aptitude cárnica.
Ponis que proceden das razas celtas, e mais en concre:o do Equus Gmelini, ou Tarpan, cabalo bravo da Tartaria Oriental, con abundante crina e rabo, presentando moitos individuos o típico “bigote” constituido por pelos duns doce centímetros de lonxitude que saen a ambos lados do beizo superior, tratándose dun carácter adquirido que desaparecerá cuando deixen de pasta en terreos cubertos de toxos.

Predomina a cor castaña, seguida de alazán, negra e pedrés.

En otros tiempos este caballo siempre formó parte de la vida del campesino gallego. Hoy son cimarrones y esa relación se ha reducido a nivel folklórico-tradicional, en la “Rapa das Bestas”, una tradición viva en sentido estricto, milenaria costumbre en plena vigencia y fiesta ecuestre de la que es protagonista nuestro “pony gallego”. Estas fiestas, que en la provincia de Pontevedra son conocidas con el nombre de “curros”, son de las más típicas y tradicionales, realizándose aproximadamente 30 cada año por toda la geografía de la Comunidad gallega, destacando las de Sabucedo, Candaosa, A Capela y Campo de Oso.
Una vez en el “curro”, a los caballos se le cortan las crines , se marcan y se separan. La casi totalidad de los potros lechales y quinceños que se venden son para carne, el resto se suelta hasta el año próximo.
Después de cenar un buen pulpo en casa Ezequiel, muy de mañana, dejo el Camino en Melide y me dirijo hacia el sur dirección Lalín, una vez rebasado este y al norte de Cerdedo encuentro a Sabucedo, mi interés por este pueblo se debe a que hoy es el primer sábado de julio y celebran su famosa “a rapa das bestas”.
La noche anterior los mozos de San Lorenzo de Sabucedo hicieron la “baixa da bestas” desde los montes de Montouto.

El pasado histórico de la yeguada de San Lorenzo data del siglo XVI, entonces los animales eran propiedad del Santo y su cuidado dependía de las parroquias.
Con estos simpáticos caballos gallegos, llego al “Monte do Gozo” a 368m. sobre el nivel del mar, calculada altura para divisar las agujas de la Catedral, donde descanso mi vista sobre la cuidad de Santiago de Compostela, a la que llegaré en pocos golpes de bordón.

Entro en la ciudad del Apóstol a través del barrio de San Lorenzo y la plaza de Cervantes, y llego por fin a la catedral, a la que accedo por la Puerta Santa de la fachada oriental por ser año jubilar, de no haberlo sido, lo habría hecho por la Puerta de la Azabachería.

“OTRAS RUTAS”

“El CAMINO DE LA PLATA”

La “Vía de la Plata”, la “Bal Lalta” de los árabes, B´lata significa “camino empedrado”, cobra ahora su esplendor al enlazar Sevilla con Santiago a través de Extremadura, hasta llegar a Astorga donde esta ruta se une al “Real Camino Francés”. En este camino mozárabe, encontramos caballos españoles”, “árabes” e “hispano-árabes”, de sobra por todos conocidos.

Todos los caballos “españoles” vistos, me parecieron elegantes, con movimientos elevados y enérgicos pero a la vez suaves, lo que sin duda harán de ellos caballos de silla muy agradables. Su estampa y sus aires brillantes le valieron en otro tiempo el sobrenombre de “caballo de reyes”.

Su registro matrícula fue creado en 1912, son el 0+0 de Barón y desde 1893, la Yeguada Militar de Jerez trabaja por la mejora y pureza de esta raza autóctona.

Los pura raza “árabes”, todos sin excepción, con que me crucé, fueron un conjunto homogéneo de gran belleza en formas y movimientos, y también aprecié en todos el inconfundible sello de la Yeguada Militar de Jerez.
Estos caballos unen a su indiscutible belleza un temperamento brioso y una resistencia legendaria, es el caballo por excelencia, origen de la gran mayoría de las razas del mundo y mejorador de todas ellas. Son el 0-0-0 y ocupan el centro geométrico del trígamo signaléptico del ya citado profesor Barón.

Por tierras andaluzas y extremeñas pude contemplar a los “hispanos-árabes” y me parecieron una síntesis afortunada de la sobriedad de los primeros y de la ligereza de los segundos, resumiendo: resistencia y belleza juntas.
A reseñar que los procedentes de progenitores de raza “hispano-árabe”, tienen que poseer al menos un 25% de sangre árabe en sus venas.
A estas tierras extremeñas por las que hoy paso, concretamente a Plasencia, había venido hace años a participar en su concurso hípico, y recuerdo… Santiago siempre espera, no hay prisa… a mi castaño “gambade”, un “holstein” al emán, con el que gané el gran premio.

Con el recuerdo de todos los caballos vistos en esta Vía de la Plata llegamos a su final en Astorga, donde se une al Camino Francés, y como siempre su Catedral nos sorprende con sus dos torres gemelas pero de diferente tonalidad en sus piedras: una color rosa y la otra gris.

“CAMINOS DEL NORTE”

En las “Rutas del Norte”, sufrimos el vértigo de sus acantilados y tanto en el camino primitivo como en el de la costa, atravesamos Euskadi, Cantabria y Asturias. En estos caminos del Norte, los más accidentados de los trayectos que conducen a Compostela, es en donde me encuentro con el “pottok”, y con el “asturcón” o caballo de Asturias.

El “pottok”, en vasco significa “caballo pequeño” es el pony vasco. Se encuentra en la región francesa de Sare Expélete, al norte el paso fronterizo de Danzarinea, y de Sant-Jean de Port próximo a Roncesvalles al norte de Navarra, justo a la entrada del Camino en España.
Por esta Ruta del Norte, los vimos al oeste de Vizcaya y Guipúzcoa en las sierras de Urbasa, Andía, Aralar y en algunos macizos montañosos de Peña Gorbea entre Alava y Navarra, concretamente en los puertos de Zumárraga, Argentares y Carranza.
En 1987 se reconoce la raza y se formaliza su Libro Registro Matrícula.

Al que no vi fue al “doble pottok”, que dicen tiene hasta 1,50 metros de alzada y mucho menos al “pottoka pinto”, que según cuentan habita en el país vasco francés.
Una vez al año al “pottok” se le recoge en unas instalaciones rústicas llamadas “kaiolas”, donde se les marca, se apartan los que van a ser utilizados, y el resto, se deja en libertad.

Dejo el País Vasco en Balmaseda y me adentro en Cantabria con unas ganas tremendas de ver al “asturcón” no en balde son los verdaderos descendientes de aquellos primitivos caballos representados en las cavernas del Cuaternario, los “caballos de Mongolia o de Przevalski”, que lograron sobrevivir frente a los grandes carniceros y cambios climáticos, gracias a su adaptación a la ecología típica de los bosques y montañas, y a los fríos ríos de las glaciaciones. Desde Europa central bajaron y entraron en España por los Pirineos, los Picos de Europa les impidieron el paso hacia el sur de la Península Ibérica.

La palabra “asturcón” o “asturión” significa “caballo de Asturias” o “caballo astur” y de él ya nos hablaban en la “Retórica ad Herennium” del año 78 a.C., Plinio y Silo ya los citaban como pequeños caballos considerados sagrados por las tribus astures, los “Thieldones” les llamaban , hoy en estas tierras son conocidos como los “Celdones”.

Aparte de algunos ejemplares aislados vistos en las sierras circundantes de Tamiza y Pedroriu, la única zona que quedó salvaguardada para la crianza y el asentamiento de estos ejemplares, fue la de las cumbres de la cordillera del Sueve, en la reserva nacional del monte Sueve a 1144 metros de altitud, entre Infiesto y Arriondas, por estar protegidas por estrictas normas de explotación de pastos, donde la lluvia , la niebla y el viento son sus únicos compañeros, aunque también en esta zona se encuentra su enemigo natural, el lobo.
Generalmente son de capa negra, negro morcillo, con una estrella a la altura de los ojos. En 1987 se abre su Libro Registro.
En septiembre, por San Miguel, los asturianos organizan los tradicionales “pescaderos”. Desde la sierra se llevan los caballos a pequeños y cerrados corrales llamados “hous” donde, a base de lazo, se cogen a los potros de ese año y se les marca con el hierro de cada propietario.

Dicen que en el año 1940 murió el último “thieldon” , el de mas alzada de los “asturcones”, el que ocupaba las zonas bajas de la Reserva, pero lo peor de todo es que hoy, el resto de los asturcones los “roxos”, están en vías de extinción.

“CAMINO PORTUGUES”

Aunque la romántica Lisboa es el punto de partida del “Camino Portugués”, los primeros caballos con los que me crucé procedían del sur, de la provincia del Alentejo, donde se cría el “alter real”, raza que tiene sus orígenes en las trescientas yeguas jerezanas adquiridas por la Casa de Braganza en 1747 y que se instalaron en las cuadras de Vila de Portel. En 1784, la Real Casa de Braganza, creó el harás de Vila de Portel, más tarde fue trasladado a la ciudad que dio su nombre a esta raza, concretamente a la coudelaría (yeguada en portugués) de Alter do Chao, cuyo objetivo era la cría de caballos destinados a la equitación clásica del picadero real, pues estos caballos, generalmente de capa baya o castaña, son muy aptos para la doma, sobre todo en movimientos de alta escuela.
Más adelante, también vi al “lusitano” descendiente del “hispano-árabe”, pero al ser más lejos de tierra que los primeros, tienen más alzada, generalmente son tordos y están muy cotizados para el toreo a caballo, el rejoneo. Son caballos que me parecieron estaban muy bien seleccionados y mejor criados.

Los primeros ejemplares llevados al país vecino, yeguas madres y sementales, se hizo en la clandestinidad y su responsable fue Diego Corrientes, bandolero y contrabandista español, nacido en Utrera (Sevilla) en 1757. Se dedicaba a robar el ganado en España y venderlo en Portugal. La audiencia de Sevilla le condenó a pena de muerte en diciembre de 1780, después de ser arrestado en Olivenza. Murió un año después en la horca, y como pago a su delito su cabeza quedó expuesta en una jaula.

No lo puedo evitar…ya llegaré a Santiago que siempre espera,- las personas siempre llegan a la hora exacta donde están siendo esperadas- pero cuando veo a un “lusitano” me acuerdo de mi poderoso tordo “Lancelot”, caballo criado por José Samuel Pereira Lupi que en plena revolución de los claveles, y para salvarse de ser sacrificados, con una punta de ganado de la ganadería de Rio-Frio, vadeó el río Guadiana entre Alcoutin en el Algarbe y Sánlucar de Guadiana en la provincia de Huelva, y se introdujo en España. Jerez fue su destino donde se subastó, y allí me hice con él. En ambas nalgas, junto a un costurón recuerdo de una herida producida por asta de toro, tenía marcadas a fuego las letras R y F que pregonaban su procedencia: Rio-Frio.

En 1976 en el concurso nacional de saltos de obstáculos de Antequera, aquel año corrimos en la plaza de toros, mi nuevo caballo Lancelot recordando sus años toreros, nada mas entrar en la plaza y frente a meseta de toriles empezó a bailar y a defenderse, resultado; me puso en el suelo, bueno en el callejón al otro lado de la barrera. Todo se compensó el último día del concurso cuando ganamos el Gran Premio.
Al que no vi fue al pony “sorraia”, caballo primitivo en vías de extinción, ni en la reserva particular del Dr. Ruy D´Andrade al nordeste de Lisboa, hoy regida por su hijo Fernando, ni junto a los ríos Sor y Raia (de los que recibe el nombre) afluentes del río Sorraia y este a la vez del Tejo, que discurren a ambos lados de la frontera hispano lusa, y me quedo sin contemplar sus capas: Isabela con crines lavadas, baya con pelo de ratón y la “raya de mulo” que dicen tener.

Con las prisas, tampoco coincidimos con el “garrano” , pony portugués también conocido con el nombre de “minho” o “miño” que dicen se cría en las regiones de Garrano del Miño y Tras dos Montes. Hasta hace muy poco eran las estrellas de las famosas ferias de ganado de Vila-Real al norte del país y Famalicao en la sierra da Estrella al sur de Guarda.

Este caballo fue llevado por los españoles a la conquista de Méjico, y dicen que Hernán Cortés , hacía el año 1500, abandonó en esas tierras a 16 ejemplares de esta raza “miña” y que hoy, son reconocidos como los creadores del pony “galiceño” .

“CAMINOS DEL MAR”

Para terminar estos caminos, me referiré a los dos que se relacionan con la mar:

El “Camino Ingles” o “Camino Marítimo”, con el puerto de A Coruña, que acogía a los peregrinos del norte de Europa que llegaban por barco, la arribada era tan importante que el Arzobispo de Santiago poseía en el puerto coruñes derechos de anclaje.

Y la “Ruta Marítima del Mar de Aurosa y Río Ulla” desde donde se divisan las orillas de O Grove, Sanxenxo, La Toja, Cambados, La Pobra y Santa Uxia do Ribeira, la ruta discurre por la ría de Villagarcía y el curso del río Ulla hasta Padrón y desde allí a Santiago.

En ambas rutas marítimas solo me acompaña el “caballito de mar”, animal mitológico de aspecto prehistórico, a medio camino entre la leyenda y la realidad del fondo marino, dotado de cabeza y cuello de caballo árabe, armadura corporal de insecto, cola prensil de mono y bolsa marsupial de canguro, única especie conocida en la naturaleza en la que el macho queda preñado y pare, ya que con anterioridad la hembra depositó sus huevos en su bolsa, estas hembras son las que se mantiene fieles a su compañero durante toda su vida.

No nos debe extrañar el empeño del caballito de mar en acompañar a los peregrinos marineros, pues son adictos a la aventura, son los mismos que condujeron el poderoso carro de Neptuno por aguas del mar Egeo.

“EPÍLOGO”

Por encima de todos estos caballos que a lo largo del Camino vi, hay uno blanco que como decía Botín:

…en el cielo vive y en el cual está montado reglamentariamente el Apóstol Santiago, nacido y criado en España, en las proximidades de Clavijo, pero debido a lo poco que en nuestro país se ha atendido a las genealogías, desconocemos completamente su origen…

Hoy que si los estudiamos, podemos afirmar que el caballo blanco de Santiago, era un Pura Raza Español, cerrado en bocado y de estirpe cartujana, perfectamente reseñado, microchipado, hemotipado y como pasaba de los tres años, había sido valorado, con las máximas notas en morfología y los mejores movimientos en funcionalidad, y desde entonces encabeza la lista de los sementales selectos.

“Señor Santiago, nunca eches pie a tierra y que tu tordo jamás pierda la querencia hacia nuestra querida España. En este año que por el cronómetro de salida se nos fue, vibraron las jambas de la Puerta de los Perdones, abierta de nuevo como si se tratara de un Año Santo, y recibieron una riada de gentes que antes de trasponer las puertas de la gran urbe, como a la antigua usanza, se lavaron en los arroyos los pies doloridos, desenmarañaron con peines sus barbas y sus melenas hirsutas, sacudieron el polvo a sus rotos sayales de estambre y a sus esclavinas de cuero, cuidando de que no se desprendiesen las conchas que les servían para catar el agua fresca en los regatos, y llenar con ellas las calabazas que eran remate de sus bordones”.

“Si os dicen que, por los caminos del Camino, han visto un caballo volar y que era tordo, creedlo.”

Y es que como dijo el historiador Salústio:

“estas cosas no sucedieron nunca, pero existen siempre”

Y aquí termina el viaje de este peregrino _ con paso tardo de viejo jinete _ en el día decimonoveno del mes de enero del año de Nuestro Señor de dos mil ocho, en la localidad de Zaragoza.