LOS CABALLOS DEL CAMINO

Todos
los caminos, tanto como a Roma, conducen y han conducido siempre a Compostela,
“Campus
Stellae”, desde antes incluso de que naciera Yago Zebedeo, y
es que de la famosa
“Vía Láctea” hablaban
ya los egipcios.
Como todo lo nuestro no debe ser un “vagar” sin destino, el hombre, al cobrar conciencia
de su ”ser” y “estar” en el mundo, advierte que
esa conciencia le dice que estamos de camino, y así andando y cabalgando
nace la idea histórica de Europa, a lo largo de dos vías:
una anhelada, cumplida solo ocasionalmente, y a costa de guerras y sangre,
que es la vía a Jerusalén, el Camino de las Cruzadas; y otra,
arteria pacífica, interrumpida durante más de un milenio,
que es el Camino de Santiago, surco donde se siembra la realidad europea
de Occidente, la calle Mayor de Europa.
Santiago y Cierra España!, como se sabe
el grito histórico no se refiere a la acción de abrir y cerrar,
sino que cerrar vale ahí como embestir y atacar. Santiago y acomete
España, embiste España.
Ahora España está abierta, por eso durante estos años y sobre todo los jacobeos,
es decir, cuando la festividad de Santiago Apóstol coincide en domingo, millones
de ciudadanos de todo el mundo se animan a recorrer los kilómetros
que les separan de Santiago para ganar el Jubileo y obtener la Compostela.
Hoy, para obtener la compostela son requisitos necesarios para que se extienda
esta certificación: recorrer a pie en bicicleta o a caballo la última parte
del camino y acreditarlo a la llegada (al menos 100 kilómetros a
pie o a caballo y 200 kilómetros en bicicleta).
“Jinetes
del caballo de acero” llaman a los ciclistas algunos retóricos
de la crónica deportiva.
Alfonso XI que hizo la peregrinación desde Burgos a caballo, echó pie a tierra
en el Monte do Gozo, y a pie se dirigió a Santiago. Esto lo hacían,
en aquella época, todos los peregrinos que hacían el Camino a caballo, incluso a pie
desnudo, como ocurrió con Santa Isabel de Portugal en 1324...
De entrada yo descarto la bicicleta, prefiero recorrer a pie, aunque con paso tardo de jinete,
los caminos del Camino, eso sí, encaramándome a los caballos que por ellos encuentre,
y procuraré como aquél:
A ellos hablarles siempre en alemán; con los hombres que me cruce, bueno
será emplear el francés; con las mujeres que vea, lo mejor
el italiano; y me reservaré el español para hablar con Él
en Compostela.
“EL CAMINO FRANCES”
Los diversos itinerarios que desde todos los puntos de Europa se dirigían
a Compostela se canalizaban en media docena de rutas en territorio francés
que, a su vez, se reagrupaban en dos puntos al pie de la vertiente gala
del Pirineo: Ostabat y Oloron.
Los peregrinos procedentes de Ostabat cruzaban la cordillera por el puerto
de Ibañeta y Roncesvalles (Camino Navarro) mientras que los de
Oloron lo hacían por el de Somport (Camino Aragonés). Ambos
ramales se unen en Puente la Reina (Navarra) y, a partir de aquí,
el Camino ya es único y que con toda propiedad, se conoce
como Camino Francés. Es el “Camino a Santiago” por
antonomasia, promocionado ya en el siglo XI en el Codex Calíxtinus,
que atraviesa la península de nordeste a noroeste a lo largo de 787 kilómetros.
Desde Roncesvalles y Somport, donde se enlaza con los cuatro caminos
franceses, atravesaremos las comunidades de: Navarra, Aragón,
La Rioja, Castilla y León y Galicia.
La “Ruta Aragonesa” o “Vía
Tolosana”, que arranca en el puerto de Somport:
“Summus
Portus” a 1632 metros y que sigue a través de la
canal de Berdún, protegida en el Coll de Ladrones por la torre
de fusileros, adquirió gran importancia en el siglo XI, desde
la conversión de Jaca (alrededor del año 1072) por Sancho
Ramírez en la capital de Aragón. Desde entonces esta
ciudad al pie de la Peña Oroel en el valle del río Aragón,
es la sede de la primera catedral de factura románica de España
(2ª mitad del siglo XI).
En este tramo de unos 170 kilómetros, no encuentro razas autóctonas caballares
aunque todavía en la zona recuerdan a los desaparecidos:
“apercheronado
de Aragón” mal llamado
“raza
aragonesa” o “caballo aragonés”.
En esta ruta aragonesa, nada mas pasar Urdues de Lerda, muy cerca del pantano de
Yesa, abandono el Camino y me dirijo hacia el sur, dejo atrás a
Sos del Rey Católico, entro en las Cinco Villas, atravieso el Ebro
por Tudela, y siempre con mi dirección sur, al rebasar
Tarazona me encuentro con la Sierra del Moncayo a 2316 metros de altitud.
Mi esfuerzo por encontrar algún ejemplar de la
“jaca del
Moncayo” no se ve recompensado y algo desilusionado,
vuelvo a mi Camino.
Estos caballos de Aragón,
los encontrados y los desaparecidos, eran descendientes de los sementales
del Quinto Depósito de Zaragoza, y con anterioridad de sus secciones
ya disueltas de Calahorra (1921-1925) y Tudela (1922-1991).
En la misma presa de Yesa, el Camino abandona Aragón para entrar en Navarra, el monasterio de
Leire próximo a Javier, es la parada más cercana, poco
más adelante, este tramo aragonés acaba en Puente la Reina
donde se une al Camino Francés.
El otro acceso del
“Camino Francés”
proviene Saint-Jean-Pied-de-Port y entra por Roncesvalles en la Comunidad Foral de Navarra,
hasta enlazar con el tramo aragonés en Puente la Reina sobre el
río Arga, lugar este de encrucijadas, donde el camino se hace uno.
Fue el rey Sancho Garcés III el Mayor el que estableció esta
ruta definitiva, procedente de Ostabat, en la Navarra ultra pirenaica.
Nada más pasar Roncesvalles y dejar la
“Cruz de Peregrinos”,
en las riberas del río Iratí, entre Burguete y Garralda, disfruto del
“burguete”, caballo procedente de los antiguos pobladores de
estas zonas, resultado del cruce de la
“jaca navarra”, y el caballo
“bretón”. Se caracterizan por su eumetría y su perfil subconvexo, sus posteriores cruces con el bretón han hecho de él, un caballo
subhipermétrico y concavilíneo, caracterizado por su energía, vivacidad y
resistencia.
Como lo he contado, yo los vi cerca de Auritz-Burguete la villa del Pirineo Navarro, antiguamente
conocida como Burgo de Roncesvalles, situada a 1,5 Km. de Roncesvalles
y a 10 de la monumental Selva del Iratí, en el mayor hayedo del
sur de Europa, pero otros peregrinos me dicen que también los vieron
por Arce y Roncal.
Rebasada Pamplona, la vieja Iruña, al norte de Estella y Los Arcos, en las sierras de
Andía y Urbasa, al sur del puerto de Lizarraga, en el valle del
río Ega, encuentro al pequeño
“pony navarro” y nos hablan del
“gran pony”, criado mucho
más al norte de esta Comunidad Foral, al abrigo de los valles de
Larraum, Baztán y Roncal.
Estos caballos vasco-navarros, también llamados:
“caballo
navarro”, “pony navarro”, “jaca navarra” o “jaca pamplonesa”,son colectividad que tienen el origen más misterioso y confuso de todas
las razas y que ha sufrido poco de influencias sanguíneas extrañas.
Esta
“jaca navarra” sin sangre árabe,
la influencia árabe no llegó a la parte montañosa
de Navarra, más concretamente hasta Andía y Urbasa, sierras
que constituyen en estos días el último reducto de este caballo.
Debido a la crudeza del clima, el
“pony navarro”,
vive en un ambiente de selección puramente natural y se cría
en estado semi- salvaje. Son el –OO de Barón,
es decir: elipométricos, de perfil recto y mediolíneos.
Desde 1980 más de 100 ejemplares protege la Diputación Foral en la reserva de Sabaiza,
y solo dos expone en el zoo de Pamplona con el objetivo de testimoniar
a los visitantes, la raza autóctona de la Comunidad.
A continuación, el Camino
me dirige hacia la próxima villa de Puente la Reina, otro hito histórico
de la ruta jacobea y que debe su nombre al magnífico puente construido
en el siglo XII por doña Mayor de Navarra, esposa del rey Sancho
el Mayor con el objeto de facilitar a los peregrinos el paso del río
Arga, el más bonito y sin duda el más famoso de todos los
puentes que jalonan el Camino. “El Puente de los Peregrinos”,
que así se llama, es de perfil ligeramente alomado, consta de seis
bóvedas de medio punto y aliviaderos, también de arco de
medio punto, en la parte superior de los pilares. Los tajamares no son
muy acusados.
Aún se conserva en Puente la Reina la tradición de tocar
cuarenta campanadas al anochecer, para avisar al peregrino que viajaba
de noche que se iban a cerrar las puertas de la ciudad.
Paso Puente la Reina y siguiendo el trazado de una antigua calzada romana,
llego a la aldehuela de Urbe y atravieso un puentecillo de dos arcos sobre
el pequeño caudal del río Salado:
“¡Cuidado
con beber en él, ni tú ni tu caballo, pues es un río
mortífero!”, afirmaba Aymeric Picaud en el Codex. No
es que me lo crea, pero, por si acaso, sigo su consejo a rajatabla.
Con la
“jaca” y el
“burguete” alcanzo Viana, donde el Camino abandona Navarra para entrar en La Rioja.
Desde que el Camino entra en Logroño por su puente de piedra procedente de
Navarra, recorre por La Rioja no más de 60 kilómetros, senda
que exige rutas alternativas, entre otras cosas, para conocer el Castillo
de Clavijo donde dice la leyenda que el Apóstol alcanzó su
sobrenombre de
“matamoros”, apodo que comparte con
San Millán de la Cogolla, cuyo municipio alberga los monasterios
donde se escribieron las primeras palabras en romance hispánico.
Al sur de Logroño me encuentro con las ruinas de la fortaleza de
Clavijo que me recuerdan la legendaria batalla aquí entablada (año
844) y que ocupa un lugar destacado en el mito de Santiago Matamoros,
sintetizado en el lema
“Santiago y cierra España”.
Durante el dominio de Abd al-Rahman II, los cristianos de esta región debían entregar cada
año a los musulmanes el
“tributo de las cien doncellas”. Ramiro
I se rebeló contra esa norma pero la suerte en el combate
les fue adversa a las tropas cristianas, que debieron retirarse hacia un
promontorio rocoso; allí esperaban un nuevo y definitivo ataque
musulmán que seguramente sellaría su derrota, cuando el apóstol
Santiago se apareció al rey leonés para anunciarle su ayuda
y conducir a los cristianos a la victoria montado sobre un caballo blanco,
siendo ésta es la imagen más difundida del Santo, consolidada
desde el siglo XII.
A partir de esta batalla de Clavijo, en toda la Reconquista las batallas
contra los árabes empezaban al grito de ¡
Santiago
y cierra España! o ¡Santiago y a ellos! como símbolo
de unión entre cristianos. Cerrar España quería decir
cerrar filas en torno a un jefe siendo una piña, como un solo hombre. ¡ Lealtad
y obediencia!
Y es que Jacob era violento, agresivo, creía en la
lucha; era un fanático y en seguida se emocionaba con las cosas, se
integraba de manera activa en los movimientos sociales y políticos;
de hecho era un celote igual que Barrabas.
De Jacob se pasó a Jacobo y a Yago y de Sant Yago a Santiago y a San Thiego
y a Diego. De Yago a Jacques y a Jaime. Pronto pasó a ser el nombre
que las madres ponían a sus retoños el día del Bautismo,
pues era sinónimo de fuerza, de entrega y lealtad.
De vuelta al Camino y a lo largo de la ribera del Ebro, solo veo
algunos ejemplares llamados
“caballos de la ribera”, procedentes
del percherón por absorción. Estos
“hispanobretones”, son descendientes de los sementales
“percherones”y
“bretones” de gran categoría importados en los primeros
años del siglo XX, y que repartidos entre el Quinto Depósito de Sementales de Zaragoza
y su sección de Tudela, mejoraron las yeguas de la zona. Las capas
son generalmente roana, alazana y baya, muy raras las negras, la torda,
la llamada
“apercheronada” es también
muy rara, y solamente se da en las yeguas.
En Santo Domingo de la Calzada, me entra la morriña de mi tierra
adoptiva al visitar la Catedral del Salvador y comprobar, que su magnífico
retablo es obra del escultor zaragozano Damián Forment, autor también
del retablo de la Basílica de El Pilar de Zaragoza. En la
Catedral, recuerdo uno de los milagros mas famosos atribuidos a santo Domingo
de la Calzada y que tuvo como protagonistas a un matrimonio alemán
y su hijo, que peregrinaban a Compostela y al llegar a la villa riojana
se alojaron en un mesón. La hija de los mesoneros se sintió atraída
por el muchacho y , ante su indiferencia, se vengó introduciendo
una copa de plata en su equipaje para denunciarlo luego como autor del
robo. El joven fue juzgado, hallado culpable, e inmediatamente ahorcado.
Sus padres continuaron su peregrinación hasta Santiago y de regreso,
al pasar de nuevo por la villa, encontraron que el cuerpo de su hijo aún
colgaba de la horca; en ese momento, el joven habló y les contó como
santo Domingo le había sostenido durante todos esos días,
salvándole la vida. Los padres acudieron ante el corregidor para
contarle los hechos, argumentando que el milagro probaba la inocencia de
su hijo; aquél, incrédulo, les contestó que su hijo
estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que él se disponía
a comer; en ese instante, ambas aves saltaron del plato y, cubiertas
de plumas, comenzaron a cantar. El joven fue liberado y regresó con
sus padres a Alemania.
En la catedral de Santo Domingo de la Calzada puede verse hoy, frente al
sepulcro del santo, el gallinero construido en el siglo XV para recordar
el milagro, en el que siempre hay un gallo y una gallina vivos, de
plumas blancas, procedentes del vecino pueblo de Gallinero de Rioja.
Después de tanto andar y recordar, decido darme un homenaje y pasar
la noche en el magnífico parador nacional de Santo Domingo de
la Calzada, que dicen fue construido por el santo para albergue de peregrinos,
y en donde cierta noche, pernoctó san Francisco de Asís
en su caminata a Compostela, si, el que hablaba con las aves.
Por todo lo que La Rioja
ofrece, el peregrino que como yo llega presto, sale lento por Grañón
en dirección a Burgos que nos da la bienvenida en Redecilla del
Camino, y acoge a los peregrinos durante un total de 109 kilómetros,
en los que su punto central es su capital que posee uno de los monumentos
más emblemáticos del mundo, su catedral.
Cuentan que desde tiempos
remotos existe en esta tierra burgalesa, concretamente en el valle
del río Losa afluente del Ebro, una población caballar del
tipo
” “jaca de montaña, llamada
raza
“losina”, en su
busca voy aunque tenga que alejarme del Camino.
Como decía, dejo el Camino en Belorado y dirijo mis pasos hacia el norte, atravieso Briviescas,
cruzo el Ebro por Traspaderne y pronto, siempre dirección norte,
entro en el valle de Losa y es aquí donde efectivamente encuentro
al
“losino” pues pastan en
este valle y sus zonas limítrofes de Cantabria, Álava y Vizcaya.
Son caballos elipométricos y longilíneos a la que se ha considerado
como subespecie, denominándola
“equus caballus
Losinus”.
Es conocido igualmente como el caballo de las Merindades y es que también se dejan ver por las
cercanías de Villarcayo, sobre todo en la sierra de Pancorbo de
los Montes Obarenes.
Hoy día esta al borde de la extinción,
y los que permanecen están fuera de las características raciales
iniciales, debido a que con la intención de aumentar su tamaño
los cruzaron con varias y diferentes razas, la idea fue buena pero los
medios poco apropiados.
Añorando el
“losino”,
regreso a Belorado la Belfuratos del Codes Calixtinus, que fue una plaza
importante en la Castilla medieval por su situación fronteriza con
el reino de Navarra, y ya en el Camino, atravieso un sin fin de iglesias y monumentos.
Por Castrogeriz, dejo Burgos con dirección
a Palencia, entro en tierras de trigales y viñedos, sin el consuelo
de los árboles ni las sombras, con la breve frescura del canal del
Pisuerga y la redondez de Boadilla del Camino, que marca la ruta a Frómista,
donde Castilla se hace más Castilla y donde San Martín
me abre un joyero románico por el que llevan pasando leyendas desde
hace más de cinco siglos.
Tal vez por mi gusto a
la soledad, tal vez por ese reducto de patria moral que guardo en
mis adentros por Castilla, me siento con una gran felicidad en estas tierras,
he vuelto a mis andadas y un impulso natural me ha llevado por entre los
amplios trigales de la Castilla más ancha, esa que tanto amo. Ya
llegaré a Santiago, que siempre espera. No hay prisa.
Palencia, quizás por influencia de la denominación
popular de su catedral, la
“Bella Desconocida”, ha
venido a descubrirme que es la provincia del románico por antonomasia.
El Camino entra en Tierra de Campos por la localidad de Itero de la Vega
y después de 66 kilómetros en donde no me dio tiempo a ver
caballos, paso por Carrión de los Condes, patria del Marqués
de Santillana, y salgo por San Nicolás del Real Camino con destino
a León.
Aquí el Camino comienza en Sahagún y se caracteriza por la diversidad de paisajes, desde
la Tierra de Campos hasta la montaña leonesa y berciana. Coronado
el Alto del Portillo, contemplo León, y al ver el parador de San
Marcos, los recuerdos se me amontonan, como a todos los que conocimos allí ubicado
el Octavo Depósito de Sementales.
El barroco edificio construido por encargo de los Reyes Católicos, primero hospital
y luego convento, donde pasó sus días de prisión Francisco de Quevedo,
acabó siendo sede del octavo Depósito de Sementales
acogiendo el que estaba instalado en Valladolid el lunes 30 de julio de
1900. El cinco de julio de 1963 se acuerda por Consejo de Ministros la
baja del cuartel de San Marcos del Ramo de Guerra y su cesión al
Ministerio de Información y Turismo, después de albergar
a los sementales durante 63 años; el día 5 de junio de 1965
se inauguró como hostal.
Con esos pensamientos sigo el Camino, paso el monte Teleno, y al cruzar
Astorga, la Astúrica Augusta romana, como es mediodía,
oigo las campanadas del reloj de su plaza mayor golpeadas por los maragatos:
Colasa y Perico. Como en
“La Peseta”, compro unas
mantecadas y sigo mi camino.
También recuerdo… ya legaré a Santiago que siempre espera… el día que
aquí gané el gran premio del concurso hípico nacional
que los maragatos celebraban en el campo de fútbol. “Dichoso” se
llamaba el caballo, un tres sangres alazán… ¡Que deprisa
pasa el tiempo!
“La Cruz de Ferro” será el siguiente hito antes de alcanzar Ponferrada,
lo corona un palo de roble de cinco metros de altura sustentado en su base
por las piedras, que como manda la tradición, van dejando los peregrinos
para alejar los peligros del Camino. La cruz, nos la dejaron los
romanos en homenaje a Mercurio.
El auge del Camino hizo que el Obispo de Astorga, Osmundo, construyera un puente reforzado
por barandas de hierro (pons ferrata). Fernando II puso el lugar bajo la
protección de los templarios (1178) que se quedaron hasta la disolución
de la Orden en 1312. Sobre el Sil se yergue el castillo, que preside el
casco monumental de la ciudad, bajo sus almenas me puede el cansancio
y luchando contra los moros, convertido en caballero cristiano sobre
mi
“cantabria” y luciendo brillante
armadura, me entrego al sueño y a la fantasía.
La honestidad de los Caballeros era tan grande que reyes y nobles confiaban
a los Templarios sus valores, viajando solo con un documento por ellos
expedido. Este documento podía ser cambiado en cualquier castillo
de la Orden del Temple por una suma equivalente y dio origen a las letras
de cambio que hoy conocemos.
Aunque su ubicación natural
está entre la cordillera Cantábrica y los ríos Cea
y Órbigo, yo me lo encuentro a la altura de Sahagún, pasado
el río Cea y más tarde rebasado León, en Hospital
de Órbigo. Me refiero al más humilde de los primos
del caballo, ese animal bueno y familiar que dio calor a la cuna de Cristo
y le sirvió de montura para entrar en Jerusalén. El asno.
En este caso se trata del
“zamorano-leones”, caracterizado
por su perfil cóncavo a semejanza del catalán, y no convexo
como el andaluz, con su perfecta conformación y abundante
pelo, verdadera joya de la cabaña nacional, hoy en vías de
extinción a pesar de los esfuerzos realizados por el Octavo
Depósito de Sementales de León en mantenerlo.
Un poco más adelante, no me encuentro, sino que me acompaña
otro asno durante un buen trecho del Camino , este es un garañón
de la Cerdanya catalana, y muy pronto aprecio sus grandes velas,
su gran alzada, así como sus ojos y hocico blanco.
Cada vez más, se ven por los caminos a peregrinos acompañados
de burros, estos con un serón donde lleva las mochilas
de sus dueños, uno va delante ramaleando con ronzal y el otro detrás
por si es menester arrearlo.
La logística del burro es fácil de resolver, al llegar al
refugio, se le ata a un árbol con largo ronzal, un cubo de agua
cerca y hasta el día siguiente.
Al que no me encuentro es al
“burdégano”- cruce
de caballo y asna- y sí algún que otro
“mulo”- resultado del cruce de una yegua y un asno; las dos únicas formas de producir
el mulo debido a la condición híbrida de esta especie.
A los
“burdéganos” se les
conoce por tener cuatro espejuelos, como su padre el caballo. Los
mulos o mulas hijos de burro y yegua tienen solamente dos , en las extremidades
anteriores, como su progenitor, el burro.
A la salida
de Cacabelos, tras cruzar el puente de piedra sobre el río Cúa, me
encuentro con el santuario de la Virgen de las Angustias, de fachada
barroca y donde se conserva una imagen del Niño Jesús jugando
a las cartas con San Antonio de Padua (dicen que San Antonio le hacía
trampas ), y aquí decido pasar la noche.
Abandono León por Piedrafita do Cebreiro y al otro lado del puerto,
nuestra morriña se ve recompensada al pisar tierra gallega, desde
la cumbre del Cebreiro (1100 metros), el camino se me hace más corto
y llevadero, sobre todo al ver el mojón de piedra que indica la
distancia que falta para alcanzar Compostela: 152,5 kilómetros.
Con los sabores del buen vino de la tierra y los sonidos lejanos de las
gaitas, el tranco se nos alarga.
O Cebreiro, nombre que viene de remotos poblados romanos del lugar, que
parecían indicar el mes
“fevereiro”- febrero
en gallego- y que hasta hace poco era el paso más difícil
de la Ruta Jacobea.
Aquí empezó a llover, llovía cada vez más fuerte,
como dice Cela.- con una paciencia infinita.- y yo , sentí por primera
vez en todo el Camino, el agua venir del cielo. Recordé los campos
desiertos y me sentía feliz pensando que hoy estaban mojados.
Me acordé de las piedras de León, de las huertas de Navarra,
de los trigales de Castilla y de los viñedos de La Rioja que hoy
estarán bebiendo el agua que baja en torrentes.
Pasada la acogedora tierra
del Bierzo, me adentro en el majestuoso silencio de las lucenses cumbres
del Cebreiro y del Caurel, en las que parece haberse congelado el tiempo,
y ahora solo el viento me acompaña…
… Un poco más adelante
me encuentro a los tres tipos del
“caballo gallego de
monte” a
los que trataré de describir en gallego:
Ponis de “A Groba”, conservados nun maior estado de pureza.
Ponis da rexión central de Galicia, animais
de mais porte e mellor feitura.
Ponis da zona norte de Lugo, animais máis mansos e de maior
aptitude cárnica.
Ponis que proceden das razas celtas, e mais en concre:o
do Equus Gmelini, ou Tarpan, cabalo bravo da Tartaria Oriental, con abundante
crina e rabo, presentando moitos individuos o típico “bigote” constituido
por pelos duns doce centímetros de lonxitude que saen a ambos lados
do beizo superior, tratándose dun carácter adquirido que
desaparecerá cuando deixen de pasta en terreos cubertos de toxos.
Predomina a cor castaña, seguida de alazán, negra e pedrés.
En otros tiempos este caballo siempre formó parte de la vida del campesino
gallego. Hoy son cimarrones y esa relación se ha reducido a nivel
folklórico-tradicional, en la “
Rapa das Bestas”, una
tradición viva en sentido estricto, milenaria costumbre en plena
vigencia y fiesta ecuestre de la que es protagonista nuestro
“pony
gallego”. Estas fiestas, que en la provincia de Pontevedra
son conocidas con el nombre de
“curros”, son de
las más típicas y tradicionales, realizándose aproximadamente
30 cada año por toda la geografía de la Comunidad gallega,
destacando las de Sabucedo, Candaosa, A Capela y Campo de Oso.
Una vez en el
“curro”, a los caballos se le cortan
las crines , se marcan y se separan. La casi totalidad de los potros
lechales y quinceños que se venden son para carne, el resto se
suelta hasta el año próximo.
Después de cenar un buen pulpo en casa Ezequiel, muy de mañana,
dejo el Camino en Melide y me dirijo hacia el sur dirección Lalín,
una vez rebasado este y al norte de Cerdedo encuentro a Sabucedo, mi
interés por este pueblo se debe a que hoy es el primer sábado
de julio y celebran su famosa
“a rapa das bestas”.
La noche anterior los mozos de San Lorenzo de Sabucedo hicieron la
“baixa
da bestas” desde los montes de Montouto.
El pasado histórico
de la yeguada de San Lorenzo data del siglo XVI, entonces los animales
eran propiedad del Santo y su cuidado dependía de las parroquias.
Con estos simpáticos caballos gallegos, llego al “
Monte
do Gozo” a 368m. sobre el nivel del mar, calculada altura
para divisar las agujas de la Catedral, donde descanso mi
vista sobre la cuidad de Santiago de Compostela, a la que llegaré en
pocos golpes de bordón.
Entro en la ciudad
del Apóstol a través del barrio de San Lorenzo y la plaza
de Cervantes, y llego por fin a la catedral, a la que accedo por la Puerta
Santa de la fachada oriental por ser año jubilar, de no haberlo
sido, lo habría hecho por la Puerta de la Azabachería.
“OTRAS RUTAS”
“El CAMINO DE LA PLATA”
La
“Vía de la Plata”, la
“Bal
Lalta” de los árabes, B´lata significa
“camino
empedrado”, cobra ahora su esplendor al enlazar Sevilla con
Santiago a través de Extremadura, hasta llegar a Astorga donde
esta ruta se une al
“Real Camino Francés”. En
este camino mozárabe, encontramos caballos
“españoles”, “árabes” e “hispano-árabes”, de
sobra por todos conocidos.
Todos los caballos
“españoles” vistos,
me parecieron elegantes, con movimientos elevados y enérgicos
pero a la vez suaves, lo que sin duda harán de ellos caballos
de silla muy agradables. Su estampa y sus aires brillantes le valieron
en otro tiempo el sobrenombre de
“caballo de reyes”.
Su registro matrícula fue
creado en 1912, son el 0+0 de Barón y desde 1893, la Yeguada Militar
de Jerez trabaja por la mejora y pureza de esta raza autóctona.
Los pura raza
“árabes”, todos
sin excepción, con que me crucé, fueron un conjunto
homogéneo de gran belleza en formas y movimientos, y también
aprecié en todos el inconfundible sello de la Yeguada Militar
de Jerez.
Estos caballos unen a su indiscutible belleza un temperamento brioso
y una resistencia legendaria, es el caballo por excelencia, origen
de la gran mayoría de las razas del mundo y mejorador de todas
ellas. Son el 0-0-0 y ocupan el centro geométrico del trígamo
signaléptico del ya citado profesor Barón.
Por tierras andaluzas y extremeñas
pude contemplar a los
“hispanos-árabes” y
me parecieron una síntesis afortunada de la sobriedad de los primeros
y de la ligereza de los segundos, resumiendo: resistencia y belleza juntas.
A reseñar que los procedentes de progenitores de raza
“hispano-árabe”, tienen
que poseer al menos un 25% de sangre árabe en sus venas.
A estas tierras extremeñas por las que hoy paso, concretamente
a Plasencia, había venido hace años a participar
en su concurso hípico, y recuerdo… Santiago siempre espera,
no hay prisa… a mi castaño
“gambade”, un
“holstein” al emán, con
el que gané el gran premio.
Con el recuerdo de todos los
caballos vistos en esta Vía de la Plata llegamos a
su final en Astorga, donde se une al Camino Francés, y como siempre
su Catedral nos sorprende con sus dos torres gemelas pero de diferente
tonalidad en sus piedras: una color rosa y la otra gris.
“CAMINOS DEL NORTE”
En las
“Rutas del Norte”, sufrimos
el vértigo de sus acantilados y tanto en el camino primitivo como
en el de la costa, atravesamos Euskadi, Cantabria y Asturias. En estos
caminos del Norte, los más accidentados de los trayectos
que conducen a Compostela, es en donde me encuentro con el
“pottok”, y
con el
“asturcón” o caballo
de Asturias.
El
“pottok”, en vasco
significa
“caballo pequeño” es el pony vasco. Se
encuentra en la región francesa de Sare Expélete, al norte
el paso fronterizo de Danzarinea, y de Sant-Jean de Port próximo
a Roncesvalles al norte de Navarra, justo a la entrada del Camino en
España.
Por esta Ruta del Norte, los vimos al oeste de Vizcaya y Guipúzcoa
en las sierras de Urbasa, Andía, Aralar y en algunos macizos
montañosos de Peña Gorbea entre Alava y Navarra,
concretamente en los puertos de Zumárraga, Argentares y Carranza.
En 1987 se reconoce la raza y se formaliza su Libro Registro Matrícula.
Al que no vi fue al
“doble pottok”, que
dicen tiene hasta 1,50 metros de alzada y mucho menos al
“pottoka
pinto”, que según cuentan habita en
el país vasco francés.
Una vez al año al
“pottok” se
le recoge en unas instalaciones rústicas llamadas
“kaiolas”, donde
se les marca, se apartan los que van a ser utilizados, y el resto,
se deja en libertad.
Dejo el País
Vasco en Balmaseda y me adentro en Cantabria con unas ganas tremendas
de ver al
“asturcón” no
en balde son los verdaderos descendientes de aquellos primitivos caballos
representados en las cavernas del Cuaternario, los “
caballos
de Mongolia o de Przevalski”, que lograron sobrevivir
frente a los grandes carniceros y cambios climáticos, gracias
a su adaptación a la ecología típica de los bosques
y montañas, y a los fríos ríos de las glaciaciones.
Desde Europa central bajaron y entraron en España por los Pirineos,
los Picos de Europa les impidieron el paso hacia el sur de la Península
Ibérica.
La palabra “asturcón” o “asturión” significa “caballo
de Asturias” o “caballo
astur” y de él ya nos hablaban en la “Retórica
ad Herennium” del año 78 a.C., Plinio y Silo ya
los citaban como pequeños caballos considerados sagrados por
las tribus astures, los “Thieldones” les
llamaban , hoy en estas tierras son conocidos como los “Celdones”.
Aparte de algunos ejemplares aislados vistos en las sierras circundantes de Tamiza
y Pedroriu, la única zona que quedó salvaguardada para
la crianza y el asentamiento de estos ejemplares, fue la de las cumbres
de la cordillera del Sueve, en la reserva nacional del monte Sueve a
1144 metros de altitud, entre Infiesto y Arriondas, por estar protegidas
por estrictas normas de explotación de pastos, donde la lluvia
, la niebla y el viento son sus únicos compañeros, aunque
también en esta zona se encuentra su enemigo natural, el lobo.
Generalmente son de capa negra, negro morcillo, con una estrella a la
altura de los ojos. En 1987 se abre su Libro Registro.
En septiembre, por San Miguel, los asturianos organizan los tradicionales “pescaderos”. Desde
la sierra se llevan los caballos a pequeños y cerrados corrales
llamados “hous” donde, a base de lazo, se cogen
a los potros de ese año y se les marca con el hierro de cada propietario.
Dicen que en el año 1940 murió el último “thieldon” ,
el de mas alzada de los “asturcones”,
el que ocupaba las zonas bajas de la Reserva, pero lo peor de todo es
que hoy, el resto de los asturcones los “roxos”,
están
en vías de extinción.
“CAMINO PORTUGUES”
Aunque la romántica Lisboa es el punto de partida
del
“Camino Portugués”, los
primeros caballos con los que me crucé procedían
del sur, de la provincia del Alentejo, donde se cría el
“alter
real”, raza que tiene sus orígenes en las
trescientas yeguas jerezanas adquiridas por la Casa de Braganza en 1747
y que se instalaron en las cuadras de Vila de Portel. En 1784, la Real
Casa de Braganza, creó el harás de Vila de Portel, más
tarde fue trasladado a la ciudad que dio su nombre a esta raza, concretamente
a la coudelaría (yeguada en portugués) de Alter do Chao,
cuyo objetivo era la cría de caballos destinados a la equitación
clásica del picadero real, pues estos caballos, generalmente de
capa baya o castaña, son muy aptos para la doma, sobre todo
en movimientos de alta escuela.
Más adelante, también vi al
“lusitano” descendiente
del
“hispano-árabe”, pero
al ser más lejos de tierra que los primeros, tienen más
alzada, generalmente son tordos y están muy cotizados para el
toreo a caballo, el rejoneo. Son caballos que me parecieron estaban muy
bien seleccionados y mejor criados.
Los primeros ejemplares
llevados al país vecino, yeguas madres y sementales, se hizo en
la clandestinidad y su responsable fue Diego Corrientes, bandolero y
contrabandista español, nacido en Utrera (Sevilla) en 1757. Se
dedicaba a robar el ganado en España y venderlo en Portugal. La
audiencia de Sevilla le condenó a pena de muerte en diciembre
de 1780, después de ser arrestado en Olivenza. Murió un
año después en la horca, y como pago a su delito su cabeza
quedó expuesta en una jaula.
No lo puedo evitar…ya llegaré a Santiago que siempre espera,- las personas siempre llegan
a la hora exacta donde están siendo esperadas- pero cuando
veo a un
“lusitano” me acuerdo
de mi poderoso tordo
“Lancelot”, caballo criado
por José Samuel Pereira Lupi que en plena revolución de
los claveles, y para salvarse de ser sacrificados, con una punta de ganado
de la ganadería de Rio-Frio, vadeó el río Guadiana
entre Alcoutin en el Algarbe y Sánlucar de Guadiana en la provincia
de Huelva, y se introdujo en España. Jerez fue su destino donde se
subastó, y allí me hice con él. En ambas nalgas, junto
a un costurón recuerdo de una herida producida por asta de toro,
tenía marcadas a fuego las letras R y F que pregonaban su procedencia: Rio-Frio.
En 1976 en el concurso
nacional de saltos de obstáculos de Antequera, aquel año
corrimos en la plaza de toros, mi nuevo caballo Lancelot recordando sus
años toreros, nada mas entrar en la plaza y frente a meseta de
toriles empezó a bailar y a defenderse, resultado; me puso en
el suelo, bueno en el callejón al otro lado de la barrera. Todo
se compensó el último día del concurso cuando ganamos
el Gran Premio.
Al que no vi fue al
pony
“sorraia”, caballo primitivo
en vías de extinción, ni en la reserva particular del Dr.
Ruy D´Andrade al nordeste de Lisboa, hoy regida por su hijo Fernando,
ni junto a los ríos Sor y Raia (de los que recibe el nombre) afluentes
del río Sorraia y este a la vez del Tejo, que discurren a ambos
lados de la frontera hispano lusa, y me quedo sin contemplar sus capas:
Isabela con crines lavadas, baya con pelo de ratón y la
“raya
de mulo” que dicen tener.
Con las prisas, tampoco coincidimos con el
“garrano” ,
pony portugués también conocido con el nombre de
“minho” o
“miño” que
dicen se cría en las regiones de Garrano del Miño y Tras
dos Montes. Hasta hace muy poco eran las estrellas de las famosas ferias
de ganado de Vila-Real al norte del país y Famalicao en la sierra
da Estrella al sur de Guarda.
Este caballo fue llevado por
los españoles a la conquista de Méjico, y dicen que Hernán
Cortés , hacía el año 1500, abandonó en esas
tierras a 16 ejemplares de esta raza
“miña” y que
hoy, son reconocidos como los creadores del pony
“galiceño” .
“CAMINOS DEL MAR”
Para terminar estos caminos, me referiré a los dos que se relacionan con la mar:
El
“Camino Ingles” o “Camino
Marítimo”, con el puerto de A Coruña,
que acogía a los peregrinos del norte de Europa que llegaban
por barco, la arribada era tan importante que el Arzobispo de Santiago
poseía en el puerto coruñes derechos de anclaje.
Y la
“Ruta Marítima del Mar de
Aurosa y Río Ulla” desde donde se divisan
las orillas de O Grove, Sanxenxo, La Toja, Cambados, La Pobra y Santa
Uxia do Ribeira, la ruta discurre por la ría de Villagarcía
y el curso del río Ulla hasta Padrón y desde allí a
Santiago.
En ambas rutas marítimas solo me acompaña el
“caballito
de mar”, animal mitológico de aspecto prehistórico,
a medio camino entre la leyenda y la realidad del fondo marino, dotado
de cabeza y cuello de caballo árabe, armadura corporal de insecto,
cola prensil de mono y bolsa marsupial de canguro, única
especie conocida en la naturaleza en la que el macho queda preñado
y pare, ya que con anterioridad la hembra depositó sus huevos
en su bolsa, estas hembras son las que se mantiene fieles a su compañero
durante toda su vida.
No nos debe extrañar
el empeño del caballito de mar en acompañar a los peregrinos
marineros, pues son adictos a la aventura, son los mismos que condujeron
el poderoso carro de Neptuno por aguas del mar Egeo.
“EPÍLOGO”
Por encima de todos estos caballos que a lo largo
del Camino vi, hay uno blanco que como decía Botín:
…en el cielo vive y en el
cual está montado reglamentariamente el Apóstol Santiago,
nacido y criado en España, en las proximidades de Clavijo,
pero debido a lo poco que en nuestro país se ha atendido a
las genealogías, desconocemos completamente su origen…
Hoy que si los estudiamos, podemos afirmar que el caballo blanco de
Santiago, era un Pura Raza Español, cerrado en bocado y de estirpe
cartujana, perfectamente reseñado, microchipado, hemotipado y
como pasaba de los tres años, había sido valorado, con
las máximas notas en morfología y los mejores movimientos
en funcionalidad, y desde entonces encabeza la lista de los sementales
selectos.
“Señor Santiago, nunca eches pie a tierra y
que tu tordo jamás pierda la querencia hacia nuestra querida
España. En este año que por el cronómetro de
salida se nos fue, vibraron las jambas de la Puerta de los Perdones,
abierta de nuevo como si se tratara de un Año Santo, y recibieron
una riada de gentes que antes de trasponer las puertas de la gran
urbe, como a la antigua usanza, se lavaron en los arroyos los pies
doloridos, desenmarañaron con peines sus barbas y sus melenas
hirsutas, sacudieron el polvo a sus rotos sayales de estambre y a
sus esclavinas de cuero, cuidando de que no se desprendiesen las
conchas que les servían para catar el agua fresca en los regatos,
y llenar con ellas las calabazas que eran remate de sus bordones”.
“Si os dicen que, por los caminos del Camino, han
visto un caballo volar y que era tordo, creedlo.”
Y es que como dijo el historiador Salústio:
“estas cosas no sucedieron nunca, pero
existen siempre”
Y aquí termina el viaje de este peregrino
_ con paso tardo de viejo jinete _ en el día decimonoveno
del mes de enero del año de Nuestro Señor de dos mil
ocho, en la localidad de Zaragoza.